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El Espíritu de la Pascua en los prefacios de la misa

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca en este tiempo en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado. Porque él es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo, muriendo destruyó nuestra muerte, y resucitando restauró la vida. Por él, los hijos de la luz amanecen a la vida eterna; los creyentes atraviesan los umbrales del Reino de los cielos; porque en la muerte de Cristo y en su resurrección hemos resucitado todos. Porque él no cesa de ofrecerse por nosotros, de interceder por todos ante ti; inmolado, ya no vuelve a morir, sacrificado, vive para siempre. Porque en él fue demolida nuestra antigua miseria, reconstruido cuanto estaba derrumbado y renovada en plenitud la salvación. Porque él, con la inmolación de su cuerpo en la cruz, dio pleno cumplimiento a lo que anunciaban los sacrificios de la antigua alianza, y, ofreciéndose a sí mismo por nuestra salvación, quiso ser al mismo tiempo sacerdote, víctima y altar. Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría.

Escrito por Padre Carlos · Esperanza Digital

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